Trabajar por una paz integral

palomas250x167Para una persona que vive en un contexto histórico-social de relativamente poca violencia y nada de guerra, el tema de la paz no parece ser muy interesante o pertinente. El trabajo por la paz se ve como algo distante y ajeno a la propia realidad, útil para otras personas en otras latitudes. Sin embargo, quienes nos consideramos cristianos, esto es, seguidores de Jesús, el tema de la paz no puede pasar inadvertido, pues aunque no estemos en un contexto de violencia o guerra, donde el pacifismo anti-bélico parece efectivamente intrascendente, todos y todas debemos ser pacificadores. El objetivo de este breve artículo es mostrar cómo el tema de la paz y el pacifismo debe ser entendido en un sentido integral y no meramente como una oposición a la guerra o a la violencia, para de esa manera entender que todas y todos los cristianos somos llamados a trabajar por la paz.El concepto de “paz” ha tenido múltiples significados en la historia, lo que ha originado cierta confusión a la hora de entender el evangelio como un mensaje de paz. Por un lado, para los griegos la paz es “eirene”, es decir, una condición estática, un estado de descanso o ausencia de conflicto. Por esto mismo, la paz muchas veces se relaciona únicamente con una condición mental o espiritual, es decir, con la armonía del alma o el orden interior del espíritu.1 El término “paz” se ha relacionado también con el concepto latino “pax”, esto es, con la ausencia de conflicto armado gracias a la presencia del poder militar. Ejemplo de esto es la pax romana, una paz que es posible gracias al poder militar del Imperio.2 Aún hoy hablamos de “fuerzas de paz” cuando nos referimos a las fuerzas armadas de las Naciones Unidas. Es, paradójicamente, un tipo de paz que se alcanza por medio de la violencia.En contraste con los conceptos anteriores, para hablar de paz las Escrituras judías y cristianas utilizan el término hebreo “shalom”. Según éstas, Dios es Dios de paz, Jesucristo es el Señor de paz y su Espíritu es Espíritu de Paz.3 Driver señala que el término “paz” aparece unas cien veces en el Nuevo Testamento, lo que da cuenta de su importancia para la comprensión del evangelio.4 Aunque el concepto “shalom” está en completa oposición a la pax romana, no se opone completamente a la idea de paz personal de los griegos, sin embargo, es mucho más que eso. Es por esto que a pesar de que el Nuevo Testamento utiliza el término griego “eirene”, éste debe leerse a la luz del término hebreo.De acuerdo a Driver, aunque el uso común del término “shalom” puede significar una ausencia de guerra (Jueces 21:13; 1 Reyes 4:24), la cesación de conflicto mediante una victoria (Jueces 8:9), un tratado de paz (Josué 10:1) una rendición (2 Samuel 10:19), un saludo (1 Samuel 10:4) o una muerte tranquila (2 Reyes 22:20), significa principalmente un bienestar integral, y por tanto, es sinónimo de salud, bendición, seguridad y prosperidad. Shalom especialmente da cuenta de relaciones sanas con Dios, con otros/as y con la naturaleza.5

Afirma Driver:

“De manera que para los hebreos, paz no era sólo la ausencia de conflicto armado, sino la presencia de condiciones que promueven el bienestar de un pueblo en todas sus relaciones sociales y espirituales. No es sólo tranquilidad de espíritu o serenidad de mente, o paz en el alma, sino que tiene que ver con relaciones armoniosas entre Dios y su pueblo y relaciones de justicia y concordia entre los miembros del pueblo. El “shalom” resultaba cuando se vivía según la intención de Dios para su pueblo, según su ley, justa, buena y santa”.6

Ya que el Shalom es don de Dios, las Escrituras señalan que sólo será una realidad plena cuando el Mesías lo instaure, es decir, cuando el Reino de Dios se haga presente. Desde ahí que es posible comprender el significado amplio de la paz bíblica, y su relación con el Mesías y el Reino de Dios. Esta relación se hace evidente en el verso 7 de Isaías 52: “Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sión: !Tu Dios reina!”.

Lo importante de esta comprensión de la paz como Shalom es que, como don de Dios, puede ser una realidad aquí y ahora desde una vida alternativa a este mundo bajo el reinado de Dios. Esta paz de Dios no es una mera idea utópica, una ideología más. Se trata de seguir a Jesús y su camino de paz de forma concreta, no se trata de la mera elaboración de ideas sobre la paz independientemente de su vivencia.7 Para Driver, el Nuevo Testamento no hace la distinción occidental entre la idea y el hecho, como si el hecho, necesaria y lógicamente, tuviera que seguir después de la idea.8 De acuerdo a esto, es imperativo formar una comunidad de fe que realmente viva y anuncie la realidad del Reino de Dios; reino de paz, bienestar y armonía. Por tanto, trabajar por la paz es parte ineludible de nuestra identidad y misión como cristianos. Somos aquellos que anunciamos la paz, a través de nuestras palabras y acciones, en un mundo donde reina la violencia, la injusticia y la des-armonía personal y social. Driver destaca que en el Nuevo Testamento creer de verdad es hacer (Juan 7:17; 1 Juan 1:6). La iglesia, en sus esfuerzos por formar a sus miembros para la paz, se preocupa por ofrecer modelos de vida pacificadora y oportunidades para transitar por caminos concretos de justicia y paz. Para Driver:

“Las iglesias deben estar alertas a las oportunidades que mejor facilitan su crecimiento en Cristo. Se precisan modelos concretos para imitar en nuestra formación. Se ha señalado que en la iglesia primitiva los nuevos creyentes fueron formados mediante un extenso proceso de imitación a medida que caminaban al lado de otro discípulo de Jesús con mayor experiencia. Difícilmente puede enseñarse el evangelio de paz mediante un proceso exclusivamente cognoscitivo e intelectual. Esta visión y vivencia se captan mejor mediante la observación, la participación y la imitación”.9

Efectivamente, el evangelio de paz de Jesús está en directa oposición a los males de este mundo. Busca eliminar todo tipo de injusticia y todos los problemas que surgen de nuestros sistemas de dominación sexista, nuestras familias disfuncionales, nuestras prácticas económicas competitivas y poco fraternales. Quiere además evitar el despilfarro de los recursos de la tierra, todas nuestras violencias interpersonales y nuestro militarismo a gran escala.10 Ya no hay, por ende, contradicción entre la evangelización y el trabajo social, e incluso político, de la iglesia. Todas estas dimensiones son parte de la labor pacificadora y todos nosotros y nosotras somos y debemos ser pacificadores en este sentido integral. Es necesario corregir la idea de que ser pacifista es meramente una tarea para personas en medio de la violencia o la guerra. Somos pacifistas porque somos cristianos/as, hacedores de paz para el bienestar integral para la humanidad. Así, somos actores de una forma de vida que busca prevenir todo conflicto bélico, creando con Dios un mundo de sanas relaciones y de vida plena, donde ya la violencia y la guerra no serán caminos necesarios.

Por último, es importante destacar que, desde una perspectiva cristiana, el trabajo por la paz no se realiza desde cálculos pragmáticos. No se es pacifista porque la paz es “correcta teóricamente” o porque “da resultado”, sino porque la paz es el camino de nuestro Dios y de su Hijo Jesús. Por ende, tampoco se debe pensar erróneamente que el trabajo por la paz es un mero esfuerzo humano. Trabajamos por la paz desde nuestra fe y espiritualidad. Para Driver, una clara visión y vivencia de la paz no puede ser sostenida sólo como un deber exigido, ya sea de parte de Dios o de la Iglesia. Una auténtica experiencia de gracia es esencial para la lucha por la paz, como respuesta de fe a ese amor de Dios manifestado en Jesús.11 Desde nuestra profunda experiencia de relación comunitaria con el Dios Padre de Jesús, trabajamos por una paz integral, señal de la presencia del Reino de Dios entre nosotros y nosotras.

__________

  1. Cf. Driver, Juan. Una teología bíblica de la paz. Ediciones Semilla. 2003. P. 45.
  2. Cf. Ibídem. Pp. 45-46.
  3. Cf. Ibídem. P. 44.
  4. Cf. Ibídem. P. 44.
  5. Cf. Ibídem. P. 24.
  6. Ibídem. P. 25
  7. Cf. Ibídem. P. 129.
  8. Cf. Ibídem. P. 133.
  9. Ibídem. P. 135.
  10. Cf. Ibídem. P. 126.
  11. Cf. Ibídem. Pp. 108-109.

Artículo publicado originalmente en la revista Razón y Pensamiento Cristiano: http://www.revista-rypc.org/2015/02/trabajar-por-una-paz-integral.html

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