Reseña: CORBÍ, Marià. “Hacia una espiritualidad laica. Sin creencias, sin religiones, sin dioses”. Barcelona, Editorial Herder, 2007. 350 pp.

Que las religiones están en crisis es algo indiscutible. Algunos plantean causas locales e institucionales para esta crisis, mientras que otros consideran que nos encontramos ad portas de un cambio histórico-global en las religiones, un nuevo Tiempo Axial. Uno de los pensadores que ve la crisis religiosa como una señal de cambio histórico-global es Marià (Mariano) Corbí. En “Hacia una espiritualidad laica: sin creencias, sin religiones, sin dioses”, Corbí sostiene que las grandes tradiciones religiosas han perdido credibilidad y vigencia debido al nuevo contexto histórico que se va configurando en el mundo occidental, esto es, debido a la nueva sociedad de conocimiento e innovación. Dicha sociedad no puede mantener sistemas fijos de interpretación pues son contraproducentes para su mismo desarrollo. Es así como se hace necesario construir sistemas y modos de vida ajenos y no relacionados con las religiones. Aun así, el autor señala que es imperativo seguir cultivando lo que califica como “la dimensión absoluta de la existencia”, es decir, la espiritualidad. Se debe, por tanto, configurar una espiritualidad laica, exenta de religiones, creencias o dioses, propuesta y tesis central de la obra.

En la primera parte de la obra Corbí comienza presentando lo que podría denominarse como una explicación de la espiritualidad del ser humano a partir de su realidad como ser cultural, situando así la dimensión espiritual sobre una base lingüística y antropológica. Al contrario de los demás animales, indica, los humanos tenemos una doble experiencia de la realidad: una en función de nuestras necesidades, es decir, relativa, y otra absoluta, es decir, no relativa a ellas. Este acceso a la dimensión absoluta es lo que se denominaría como espiritualidad. En el pasado, el camino a la espiritualidad ha sido mediado por la religión, que el autor entiende como “un conjunto de narraciones sagradas, símbolos, mitos y rituales que generan y soportan un sistema de creencias, que viene a resultar en un proyecto de vida colectiva e individual y que, a la vez, es un sistema de representación e iniciación a la dimensión absoluta de la existencia”1. El problema, según Corbí, es que todo ese conjunto de elementos que componen las religiones ha sido entendido como revelado por Dios y, por tanto, intocable e inalterable, y además como completamente rígido, gracias al sistema de creencias que genera. Así, ya no sería posible mantener ninguna religión en un mundo de constante cambio e innovación, que además la ve como una creación cultural meramente humana.

En la primera parte también es posible encontrar una síntesis de los sistemas míticos que dan origen a las religiones. Se nos muestra cómo dichos sistemas están directamente relacionados con los modos de vida y las cosmovisiones. Así, cuando éstos cambian, la religión entra en crisis. Por tanto, la crisis religiosa actual se produce por la transición de sociedades pre-industriales a sociedades industriales y de segunda industrialización. Este análisis es fundamental para comprender cómo se construyen las religiones, por qué cambian, y por qué finalmente quedan obsoletas. Cuando los mitos dejan de ser el sistema de programación colectiva, como ocurre en las sociedades industriales, deja de estar vigente el tipo de epistemología mítica que sostiene a las religiones. Corbí finaliza esta primera parte señalando que es posible e importante usar las inmensas riquezas del pasado religioso de la humanidad, pero sólo para orientarse y liberarse de todo sistema de interpretación y valoración, es decir, de toda religión. Por tanto, indica, deberíamos cultivar la dimensión absoluta desde el camino autónomo de una espiritualidad laica.

En la segunda parte del libro, el autor presenta algunos elementos constituyentes de una espiritualidad laica. Corbí afirma que en estas nuevas condiciones culturales, los mitos, símbolos y narraciones sagradas son sólo señales en el camino y no el punto de llegada. Por tanto, ligar la espiritualidad a cualquier tipo de creencia es un obstáculo para ella. Se hace necesario separar la fe de las creencias, entendiendo fe como confianza, apertura del espíritu, entrega, discernimiento y gracia. Es necesario también aprender de todos los grandes maestros y de todas las grandes escuelas de sabiduría de las tradiciones religiosas, sin tener que ser creyentes o personas religiosas. En una sociedad pluralista, el camino espiritual no puede pasar por el religamiento exclusivo y excluyente a unas creencias, unas formas y unas estructuras, aunque esa unión haya durado miles de años. La propuesta de una espiritualidad laica sin creencias se entiende como una espiritualidad de cualidad sutil, vacío completo de formas y de todo tipo de construcción y determinación. Ésta conduce a la dimensión absoluta de la existencia, a ampliar nuestro ser, a afinar nuestro discernir y nuestro sentir, a pacificar y serenar nuestro interior. También nos conduce a la ternura, al interés incondicional por todos y por todo, al amor y a la paz.

“Hacia una espiritualidad laica” es en realidad un compendio de ideas que el autor ha presentado en otros artículos y libros anteriores2, por tanto, su propuesta no está desarrollada completa ni sistemáticamente, sino que, como se indica en el título, es un camino “hacia”, un comienzo exploratorio. Este punto es importante a la hora de evaluar esta obra, pues a momentos se vuelve inconexa, tentativa y repetitiva. Aun así nos permite obtener un buen diagnóstico de la “enfermedad” actual de las religiones, es decir, explica de forma clara cómo la crisis religiosa actual se debe a un cambio de cosmovisión propiciado por la llamada segunda industrialización, y no es meramente una crisis institucional. En este aspecto es muy valiosa, especialmente la primera parte donde se presenta la síntesis de los sistemas míticos que dan origen a las religiones, pues nos muestra cómo dichos sistemas están directamente relacionados con los modos de vida y las cosmovisiones. Sin embargo, se extraña una mayor consistencia en la “terapia” propuesta por Corbí, es decir, indagar de mejor manera en cuál sería la alternativa: una espiritualidad laica. Ello porque al tomar sólo elementos presentes mayormente en las religiones orientales, la obra no evidencia una buena reapropiación de los elementos valiosos de las religiones históricas. En este aspecto la espiritualidad laica no es neutral ni pura, ni carece de formas ni creencias, en palabras del autor, sino que configuraría una espiritualidad con formas y conceptos orientales, generados, por tanto, en un contexto cultural específico. Desde ahí que no sería posible sostener una espiritualidad sin religión.

Una de las razones por las que el autor propone una espiritualidad sin religión puede deberse a su limitada comprensión del hecho religioso. Es cierto que la función de religión es programadora, esto es, configura patrones para interpretar, valorar y organizar la realidad, tanto para la vida personal como colectiva. No obstante, desde otra perspectiva es posible afirmar que estos patrones no son necesariamente cerrados ni inamovibles, ni en las religiones orientales ni tampoco en las religiones históricas. Es posible afirmar que todas las religiones son creaciones culturales vivas que se transforman constantemente, y dicha transformación es inherente a su identidad. Por una parte, la religión configura esquemas de sentimientos, pensamientos y acciones que dan significado y sentido a la vida dentro de un contexto cultural específico, pero, por otra parte, la misma religión irrumpe, disloca y desconfigura toda estructura estabilizadora3. Por tanto, la religión no es necesariamente contraria a la mentalidad general presente en las sociedades de innovación, sino que depende específicamente de cómo entiende su identidad y cómo realiza esta configuración/desconfiguración. En este sentido la propuesta de Corbí plantea un gran desafío a las religiones, y en especial a las religiones históricas como el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam. Ello porque ya no es posible sostener un tipo de religión heterónoma con creencias inmutables y eternas. Los mitos, símbolos y narraciones sagradas de las religiones, e inclusive sus creencias, deben ser considerados como provisorios y tentativos. De este modo las religiones deben poner en primer lugar la fe, que puede ser entendida, siguiendo a Corbí, como confianza, apertura del espíritu y entrega. Así mismo, las religiones deben principalmente ser un instrumento de espiritualidad, es decir, no ser un fin en sí mismas, sino un medio que apunte siempre más allá, que rompan con cada forma y determinación que se quiera solidificar. Sólo así podrán seguir siendo caminos válidos en esta era de conocimiento e innovación.

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  1. Corbí Marià. Hacia una espiritualidad laica. Sin creencias, sin religiones, sin dioses. Barcelona: Ed. Herder, 2007. P. 20-21.
  2. Ibídem. P. 14.
  3. Taylor, Mark. Después de Dios: La religión y las redes de la ciencia, el arte, las finanzas y la política. Madrid: Ediciones Siruela, 2011. P. 33.

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