Qué es y por qué hacer teología. Una perspectiva amplia

El cristianismo evangélico latinoamericano ha recibido de herencia una manera limitada de entender la labor teológica, se  la ha entendido como la mera repetición de la Biblia cuya enseñanza se formula en doctrinas consideradas fundamentales. Si se quiere desarrollar un teología evangélica que sea pertinente para el contexto latinoamericano es necesario superar esta comprensión restringida de lo que es y debe hacer la teología.

El protestantismo llega a Latinoamérica mayormente a través de misioneros norteamericanos y británicos que comparten un mismo horizonte teológico denominado evangélico, por lo que las ideas y actitudes clave de esta teología evangélica modelan la fe y la vida de las congregaciones latinoamericanas. El protestantismo evangélico del norte confrontaba, en las últimas décadas del siglo XIX, el secularismo, la ciencia que pone en entredicho creencias consideradas fundamentales y el liberalismo teológico o modernismo. Estos tres aspectos parecían hacer peligrar la confiabilidad de la Biblia por lo que una de las reacciones del mundo evangélico, no la única, da lugar a lo que se conoce con el nombre de fundamentalismo. Este fundamentalismo recurre a la Escritura como fuente infalible, específica e irrefutable y afirma que toda teología debe fundarse en una lectura literal de la Biblia, esto es, una lectura positiva de la Biblia, como datos objetivos comprobables por la observación y la razón. El evangelicalismo latinoamericano afirmará, por tanto, una inspiración plenaria y verbal de una Biblia inerrable que debe ser leída literalmente.

Se reconoce que desde la tradición evangélica siempre se debe relacionar la teología con la Biblia, ella es el testimonio de la autorrevelación de Dios. Debido a esto se dice que la teología no debe adoptar ninguna filosofía como base, esquema o aliada sino que debe ser bíblica en sentido directo, esto es, la fuente de la teología es la Sola Escritura. En esta teología su razón o logos esta precedido, acompañado, informado y corregido por el estudio bíblico, es la razón al servicio de una teología bíblica. Hoy, sin embargo, se sabe que la Biblia nunca esta sola, sino que toda lectura de la Biblia se hace desde un contexto personal e histórico determinado. No existe la lectura objetiva de la Biblia ni la interpretación correcta de ella, sino que hay múltiples interpretaciones y múltiples lecturas, cada una con su propio valor. Los reformadores entendieron esto ya que  nunca llegaron al extremo fundamentalista norteamericano en su manera de entender la inerrancia bíblica ni concibieron la lectura literal de la Biblia de la misma manera que ellos. Para Míguez Bonino, uno de los mayores efectos negativos del fundamentalismo extremo en el evangelicalismo latinoamericano ha sido que:

El reconocimiento de la centralidad de la Palabra bíblica vivificada por el poder del Espíritu Santo se convierte en “bibliolatría” librada a una hermenéutica a la vez arbitraria y racionalista, además de estéril y repetitiva: en lugar del rico tesoro del que “el escriba sabio saca cosas viejas y nuevas”, el estudio de la Biblia deviene un ejercicio de permanente repetición; [1]

Desde esta influencia negativa fundamentalista se tiende a considerar la teología como la simple exposición o articulación de las doctrinas o “verdades de fe” ya contenidas en la Biblia. El estudio teológico académico consistirá únicamente en el estudio exegético de la Biblia y su articulación en una teología sistemática que da cuenta de las doctrinas cristianas en un rango acotado de disensiones. De ahí que la labor teológica se reduzca a la reflexión sobre las doctrinas bíblicas y su aplicación a los distintos contextos contemporáneos. Para esto se busca articular estas doctrinas en un lenguaje comprensible para cada época. Esta visión de la teología la considera como algo agregado a la fe cristiana e independiente de ella, una agregado que en algunas iglesias evangélicas es considerado indispensable para la misión, pero aun algo ajeno a la misma vida de fe.

Sin embargo, hay una manera más amplia de entender la labor teológica que esa limitada versión evangélica. Hay que reconocer, en primer lugar, que no se sabe del todo qué significa y qué es la teología, ya que están implicados Dios y el hombre en su totalidad y en su misterio. La teología es paradójica pues pretende unir dos realidades aparentemente contradictorias. Por un lado esta esa realidad que llamamos Theos, el indefinible por antonomasia, misterio que nos trasciende en su realidad. Por otro lado esta la realidad denominada lógos, esto es, el discurso razonable, la razón que busca el sentido de las cosas, la palabra que por su propia dinámica limita, define y da contornos a una realidad frente a otras.

Desde el cristianismo se considera legítima esta unión entre Dios y el lógos humano debido a que Dios a revelado su proyecto para la humanidad y desde ésta revelación se ha dado a conocer él mismo. Dios se ha autorrevelado en la historia humana y, por ende, mediante el lenguaje humano, por lo que se considera que la labor teológica es posible. Sin duda que desde el cristianismo el argumento más importante para afirmar la posibilidad de la teología es la encarnación de Dios en Jesucristo. Jesús constituye la palabra exhaustiva en la que Dios se da y se expresa como Palabra eterna y definitiva dirigida a los hombres y, por otra parte, Jesús es la palabra de los hombres como respuesta que la humanidad ha de dar a esa palabra y vocación de Dios.

Tomando en cuenta las consideraciones anteriores se puede entender la labor teológica de una forma más amplia. Teología no es sólo la exposición o articulación de la Biblia o la traducción de las doctrinas bíblicas a situaciones o problemas particulares sino que teología es la forma en que el mismo ser humano busca hacer inteligible la propia confianza en la revelación divina que ha tenido lugar en la historia humana. La teología es la fe que busca su propia inteligencia, su propia comprensión, su propia razón, su propio lógos.[2] Con respecto a esto Cordovilla afirma:

El logos que busca la fe para creer y comprender más y mejor no es un logos ajeno a ella, sino la luz y el logos que la propia fe suscita en el creyente. Aquí no se trata, por tanto, de una razón racional propia de la filosofía, ni mucho menos de la razón instrumental propia de las ciencias experimentales, sino de una razón creyente que ofrece una certeza e inteligibilidad propias de la mirada espiritual y no la certeza racional propia del pensamiento discursivo.[3]

Es necesario señalar también que la teología quiere ser expresión de la apertura radical y la búsqueda crítica del ser humano hacia la verdad, por lo que si quiere cumplir esto a cabalidad debe estar en constante diálogo con la filosofía y las ciencias humanas. Si la teología cristiana se cierra en su propia particularidad histórica y en sus propios dogmas corre el riesgo de ser convertida en ideología. La teología en sí misma debe ser por tanto interdisciplinaria.

Desde esta manera de entender lo que es la teología se puede entender la misma Biblia como teología. La Biblia es una de las formas en que el mismo ser humano ha buscado hacer inteligible la propia confianza en la autorrevelación de Dios a través de la historia humana. La Biblia es la articulación en un lógos narrativo de la experiencia de fe de los judíos y primeros cristianos. Por tanto la Biblia es ya una teología contextualizada, una manera de dar razón de la fe y la esperanza a través de un lógos narrativo y no definido conceptualmente, un lógos que escapa a toda sistematización. Desde el comienzo los primeros cristianos entendieron que seguir a Jesús no es estar ya en posesión de la absoluta verdad sino ir de camino, explorando lo que significa vivir en armonía con Dios y su creación, incluidos todos los seres humanos, en ese seguimiento diario.

De ahí que no tiene sentido reducir la teología a la mera repetición de la Biblia, cuando la Biblia misma es ya teología. Teología es la experiencia de fe que busca entenderse a si misma, para ello es necesario repensar desde el propio contexto histórico, cultural y geográfico, la experiencia de fe de los primeros cristianos, esto es, ponerse en línea con esa experiencia narrada en la Biblia, respetando esa rica tradición, y reflexionando de esta manera sobre la actual experiencia de fe. La Biblia es la ayuda para dar el punto de partida, es el canon que no permite caer en el orgullo de creer ser el primero en seguir a Jesús y, por tanto, enseña que se debe estar atento a lo que otros experimentaron en el pasado y a partir de ellos entender la propia realidad. Es eso lo que los reformadores vieron en la Biblia, la ayuda para ir en camino de reforma, en camino de un mejor seguimiento de Jesús.

Esa rica tradición teológica narrativa que contiene la Biblia permite entender que ni Dios ni la experiencia de relación con él se puede encuadrar en una total y absoluta sistematización. Las llamadas doctrinas fundamentales son maneras válidas de comprender esa fe en un contexto determinado, pero no pueden absolutizarse ni menos divinizarse, pensando que su negación es negar a Dios. Las doctrinas cristianas fundamentales son ya teología y, por tanto, comprensión humana de la fe sujeta a constantes cambios contextuales. En teología el fin último no son los conceptos elaborados en determinadas épocas, sino la realidad que buscan esclarecer, y en la medida en que cambia el contexto histórico, cultural o geográfico, los conceptos que una vez hacían comprender mejor la propia fe se vuelven obscuros y en algunos momentos tan negros que ya no iluminan la realidad de Dios y la experiencia de vivir en armonía con él, sino que la ocultan.

Cada generación de cristianos debe reflexionar y hacer inteligible su propia fe para si mismo y para los demás, en su contexto histórico particular. Con respecto a esto Cordovilla afirma:

Todo época se encuentra en una relación de inmediatez con Dios; además, tiene la responsabilidad de dar una respuesta propia a la Palabra mediante la cual Él mismo se revela en persona y expresa la plenitud de nosotros mismos. Por lo tanto, tenemos cada uno la responsabilidad de responder a esta pregunta directamente, en inmediatez de realidad, sin largas digresiones históricas que terminen convirtiéndose en justificaciones científicas y que, sin embargo, nos alejan de la realidad de Dios y de nuestra vida.[4]

Porque en humildad se reconoce que Dios y su Reino, Jesús y su buena noticia de la llegada del Reino de Dios, nunca se podrá comprender y delimitar del todo es que se hace teología. Porque se quiere responder a la voluntad de Dios en obediencia hoy es que se hace teología.


[1] Míguez Bonino, José. Rostros del protestantismo latinoamericano. Editorial Nueva Creación. 1995. Pág. 52.

[2] De San Anselmo proviene comprender la teología como la fe que busca su propia inteligencia, “Fides quaerens itellectum” que remite a su vez a San Agustín, “Credo ut intelligam”.

[3] Cordovilla Pérez, Ángel. El ejercicio de la teología: Introducción al pensar teológico y sus principales figuras. Ediciones Sígueme. 2007. Pág. 27.

[4] Ibíd. Pág. 12.

2 comentarios para “Qué es y por qué hacer teología. Una perspectiva amplia”

  1. Gaby - Monjaguerrillera Dice:

    Hola me gustaria poder charlar contigo, vía e-mail, quisiera saber si en una breve entrevista pudiéramos conversar sobre cuatro temas específicos que elijas.

    Gracias

  2. Loreto Dice:

    Pienso que aunque no se tenga fe, la teología sigue siendo válida en cuanto discurso que se inscribe en las formas en que nos entendemos y representamos a nosotras mismas en cuanto seres humanos. Por lo mismo, es deseable que dichos relatos sean liberadores, proyectivos, humanizadores en el mejor sentido de la palabra. Sin embargo, creo también que para aquellas personas que nos definimos desde la confesionalidad, la mejor perspectiva teológica es la humildad de reconocer que ante el misterio balbuceamos. Me gustó mucho el enfoque de este artículo. Saludos

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